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Reparte Y Reinarás

 
Por: Guillermo Fiallos

La conformación del gabinete del nuevo gobierno es una mezcla interesante de pensamientos, ideologías, gremios, partidos políticos, conductas y dudas. El presidente Lobo ha cumplido con su palabra de integrar, al menos en teoría, un gobierno de unidad y reconciliación; sin embargo, cabe formularse la pregunta si ha sido una simple repartición de cargos para que todos, o casi todos, queden contentos, sientan que también están gobernando y que pueden disfrutar de las cumbres del poder.

El contar en las Secretarías de Estado con personas provenientes de diferentes partidos políticos, gremios profesionales y de grupos populares, despierta curiosidad, simpatías y temores. ¿Será posible actuar coordinadamente con todo ese coctel que se apresta a conducir las diferentes naves del Estado? Es importante señalar que el Presidente Lobo ha dado desde la toma de posesión, una cátedra magistral de mercadeo político, pues a lo interno decide compartir la empobrecida administración pública con personajes tan distantes en su accionar y su forma de pensar.

El señor presidente está consciente que para gobernar o reinar, no necesitaba dividir sino al contrario, repartir. El compartir la administración con un abanico multicolor le genera tranquilidad en este momento pero se puede convertir en un caos a mediano plazo; sin embargo, dejemos que pase un tiempo prudencial para comprobar cómo funciona el andamiaje público.

Nadie está en el corazón de los demás y es difícil saber quiénes llegaron al gabinete con buenas intenciones y quiénes lo hicieron por ambiciones personales o intereses ocultos, que pueden hacer temblar la imaginación de los hondureños. Todos los hijos de esta tierra estamos cansados de tanto problema causado por políticos que han manchado sus cargos, al demostrar que son gente sin principios y sin ética. Por supuesto, hay particulares excepciones.

La experiencia de ese tenebroso 2009, debe servir como una película que debemos ver todos los días, para que no se vuelvan a cometer los horrores que produce el poder cuando marea a los gobernantes y, en nombre de la Constitución y la Democracia, cometen atrocidades en contra del pueblo, quien al final es el que paga las consecuencias de conductas no éticas, intolerantes y que reflejan en forma despiadada la ambición por imponerse a costa de lo que sea.

No debemos olvidar el 2009, en especial el presente gobierno pues las consecuencias de lo que desató ese tsunami ha dejado a la nación postrada, dividida y llena de resentimientos. No es posible que desde el poder mismo se quiera perpetuarse dando lugar a las dictaduras democráticas, cuyo nacimiento es tan contradictorio como juntar estas dos palabras.

Bien, pero la práctica de reparte y reinarás no sólo se aplicó al poder ejecutivo, sino también al legislativo. La Directiva del Congreso Nacional quedó integrada con las banderas de muchos colores. Ello, calmó de momento, las aguas turbulentas.

De igual manera, para reinar o gobernar, hubo reparto y concesiones para la comunidad internacional. En el discurso de toma de posesión del Licenciado Lobo, también evidenció el mercadeo político para complacer a una comunidad internacional que se ha comportado soberbia  con Honduras  y, particularmente, con sus ciudadanos más pobres. En medio de la emoción del discurso, el señor presidente sancionó una improvisada y no consensuada Ley de Amnistía que nadie en el país parece querer ni aceptar.

A través de esta ley se perdonan y olvidan todos los delitos políticos de los participantes en los eventos ya conocidos; sin embargo, muy ilusamente estipula que los delitos comunes no están cubiertos en la misma. ¡Vaya si nuestros legisladores son soñadores! Cuando se quiera aplicar la ley, esos delitos de corrupción y latrocinio se tomarán y aplicarán como conexos a los delitos políticos; de forma tal que les contaremos a nuestros nietos como los duendes malos extraían el dinero en peculiares artefactos de una profunda cueva.

Les vamos a mostrar las grabadas y famosas escenas de robo descarado, pero eso será todo, ya que la impunidad, una vez más, formará parte de nuestro folklore y de nuestros cuentos y leyendas.

La comunidad internacional nos obliga por medio del chantaje del dinero a doblegar nuestra dignidad y en un claro irrespeto a la autoestima del hondureño, sugiere –supuestamente-  que se deje volar a las aves de negro plumaje que estaban enjauladas. ¿Con qué autoridad moral nos puede increpar dicha comunidad de ahora en adelante, que Honduras es uno de los países más corruptos del mundo, si ella protege, estimula y libera a la corrupción?
El Presidente Lobo, consciente de que la mesa no está servida sino que destruida, reparte palabras, leyes y hechos concretos que hacen feliz a esa comunidad que se ha erigido en un juez  del llamado multilateralismo y, que si así le parece, comenzará a desembolsar dinero fresco para estos pobres mendigos en que nos han convertido quienes nos han gobernado en las últimas décadas. Si fuéramos económicamente menos dependientes y no siguiéramos con esa actitud de extender la mano para vivir de las dádivas extranjeras, los demás países nos respetarían más, y no nos mirarían como una tribu desordenada que todavía no puede auto gestionarse.

El señor Lobo comprendió lo anterior y en vista de que estamos en una escandalosa bancarrota, con deudas internas y externas escalofriantes, complació en varios aspectos al concierto de naciones que sin utilizar la fuerza de las balas pero sí la del dinero, pretende restablecer una “normalidad democrática” que desde sus lejanas visiones, Honduras debe consolidar.

En su discurso el presidente agradeció a varias organizaciones y personajes conocidos. Al mencionar a la mayoría de éstos se escucharon silbidos, gritos de rechazo y desafiantes abucheos que interrumpían la oratoria de su líder. Esto es interesante, pues por lógica se supone que la mayoría de los asistentes al estadio nacional, eran nacionalistas que evidenciaron con sus ex abruptos, que no comulgaban con lo expresado por el nuevo dignatario.

Con honrosas excepciones como es el caso del Presidente de Panamá, el público aplaudió y ovacionó. Y es que la gente está herida pues sabe quiénes son los que actuaron severamente contra el pueblo hondureño.

En su alocución, el Señor Lobo se cuidó de no mencionar a dos protagonistas indiscutibles de esta realidad: los señores Manuel Zelaya y Roberto Micheletti. Hubiese sido interesante que pronunciara sus nombres para analizar la reacción del soberano público asistente.

No obstante, todas las muestras de complacencia en el estadio nacional, el Presidente Lobo realizó otra nueva estrategia que ha subido como la espuma su perfil e imagen internacional. El continuó repartiendo, en este caso acciones, para complacer a los gobiernos –y no pueblos— y organizaciones allende a nuestras fronteras. Llegó a la Embajada de Brasil, condujo al ex presidente Zelaya al aeropuerto y lo despidió hasta verlo sobrevolar los cielos de Tegucigalpa. Este gesto ha despertado en el extranjero enormes simpatías y, lo más seguro, es que ayudará a que comience a reconocerse su gobierno por más naciones, y que empiecen a caer, como maná del cielo, todos los desembolsos que están retenidos.

No hay duda, el presidente es astuto y está bien asesorado pues realizó una mercadotecnia excelente y que con habilidad y sutileza, acrecentó rápida e internacionalmente, su figura como un estadista y un hombre conciliador. No obstante, hay un peligro que parecen desconocer sus consejeros, y que consiste en saber si el termómetro de simpatías subió en la misma intensidad en el ámbito nacional.

Hay muchísimas personas, incluso militantes del Partido Nacional, que aún no creen lo que sucedió. Les parece una conducta insólita pues despedir con honores y casi principescamente, a un ex gobernante que, entre muchos desaciertos e infracciones, trató de boicotear la celebración, el resultado y autenticidad de las elecciones, no comulga para el pueblo-pueblo, con la lógica y la estima nacional.

El Presidente Lobo tiene que ser muy brillante para explicar y convencer al pueblo-pueblo, de que lo que pasó era necesario. Si bien es cierto –y eso debe alegrar a todos--  conseguirá el reconocimiento internacional, pero no debe olvidar que gobierna para los hondureños y no para los extranjeros y organismos multilaterales. El pueblo fue quien lo llevó al poder y es quien lo va a sostener en el poder. Negociar sin aplomo y lastimar al pueblo, herirlo, menospreciarlo y no darle las explicaciones convincentes del caso, es sumamente espinoso cuando apenas comienza a sentarse en la silla presidencial.

Creemos que es importante y necesario aportar signos a la comunidad internacional, de que en Honduras continuamos dentro de la vida constitucional,  pero asimismo, es fundamental que esos signos no manchen el respeto a nuestra dignidad catracha. Sí, necesitamos el reconocimiento y la ayuda, pero hay que solicitarla con la altura y la autoestima firme que evidencie que somos pobres pero decentes, que recibimos préstamos que honraremos pero que no dejaremos que se mancille el honor nacional.

Por tanto, el señor presidente, también debe repartir explicaciones y consideraciones a sus conciudadanos. Para gobernar o reinar tranquilo, no basta complacer a los de afuera, sino más importante aun, a los de adentro.

Estamos de acuerdo con el Señor Lobo: hay que mirar hacia adelante pero recordando las enseñanzas del pasado; y le agregaríamos: hay que gobernar en el presente teniendo como estrella polar el irrestricto respeto a la Constitución de la República, a las leyes hondureñas, al estómago de los compatriotas, las medicinas en los hospitales, el acceso a la educación, la justicia, la tolerancia, la ética y, sobre todo, no olvidar que los gobernantes son simples mortales como lo somos todos los ciudadanos.

Le deseamos éxitos en su gestión al Presidente Lobo. Quien añore que fracase es un mal compatriota pues si se hunde el gobierno, no debemos esperar a que se cumplan las predicciones del 21 de diciembre de 2012, cuando según los vaticinios de la cultura maya, llegará el fin del mundo. Estamos ante la última oportunidad de salvar a Honduras. El Huracán Mitch y los eventos del año 2009 nos golpearon casi de muerte. No desperdiciemos esta tercera y única ocasión para adecentar, dignificar y engrandecer el país, y bendecir la pródiga tierra en la que usted señor presidente, usted amigo lector y este modesto escritor, nacimos y hemos de vivir.

 

 
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